Las emociones a flor de piel

Uno de los órganos vivos más importantes que tenemos en el cuerpo humano es LA PIEL, grandes extensiones de terreno orgánico sometido a todo tipo de agresiones. La publicidad nos informa, bombardea, constantemente de infinidad de productos necesarios para la misma. Y su cuidado es imprescindible. Alguno de dichos cuidados imagino que acabará publicitándose en esta página. Pero LA PIEL es emocionalmente inestable, lo somatiza todo y cuando ya no puede más enferma. ¿La cuidamos lo suficiente?

El peligroso asunto de las emociones. Hace unos días una mujer “tomó” un disgusto a copa llena, una niña a la que quiere mucho se marchaba a Ecuador, aun siendo de doble nacionalidad, la madre, ecuatoriana, con problemas no resueltos que no competen a esta historia, acabó por huir emocionalmente de una relación rota a su país, con su madre, sus hermanas, su vida anterior, la niña tan sólo fue un daño colateral de esa historia. Ese “disgusto” acabó por generarle un salpullido, como un collar de finos hilos de esmeraldas, capilares ensangrentados a flor de piel, en torno al cuello. Picores y más picores, hicieron que acabará “rascándose” desesperadamente y al final tan sólo unas ampollas de urbasón inyectadas por el médico pudieron apaciguar esta curiosa “flor de piel”.

A pesar de tener claro que la medicina generalista puede llegar a ser agobiante y posesiva, que las farmacéuticas son tan sólo mediocres factorías de facturar medicamentos que las hagan más ricas y poderosas, no debemos olvidar que somos seres compuestos de miles de sustancias y ramificaciones que originan otras tantas, y sujetos por tanto a la química que generamos; por lo tanto aun considerando que los medicamentos (NO TODOS) son perniciosos para la salud, las personas que lo necesiten deben acudir a dicha medicina buscando, exigiendo la inmediatez en la cura, para eso se definen como los salvaguardas de la verdad. Exijamos en la medida de sus mentiras, si son grandes, exijamos grandeza. El pinchazo de urbasón le sirvió a aquella mujer, pero, LA PIEL, que tiene memoria, cada vez que “toma un disgusto” como quien ingiere un plato de sopa, hace aflorar dicho collar en mayor o menor medida, con mayores o menores picores. LA PIEL advierte a esta mujer de que no debe “emberrincharse”.

No creo que tenga que contar aquí los procesos mediante los cuales un espermatozoide se introduce en un óvulo y acabamos, mire en el espejo, saliendo gente como nosotros. Y tampoco creo que debamos hablar de los actos, a veces un tanto incómodos, que hacen que dicho esperma se introduzca en el óvulo. Pero si debemos tener claro que LA PIEL y el SISTEMA NERVIOSO, comparten en esa pequeña célula embrionaria la misma rama de crecimiento en un nivel primario del desarrollo del feto. Imagine un tronco común, que se desgaja en troncos más pequeños de los que a su vez  nacen ramas que luego acaban generando un todo conjunto que somos nosotros moqueando y llorando cuando salimos por el útero materno (¡perdón!, cuando nos trae la cigüeña de Paris). Pues bien uno de esos troncos periféricos da origen a dos ramas LA PIEL y el SISTEMA NERVIOSO, que van a estar en conexión constante mientras vivamos. Por ello decimos que LA PIEL tiene memoria.

Cuando nos enfadamos, nos agredimos, engordamos, vestimos con ropa “negativa” tintada con colorantes no naturales, nos alimentamos mal o sencillamente no nos CURAMOS EN SALUD, ocurren cosas como las descritas a nuestra amiga “emberrinchada”. Dicho esto, en las siguientes ocasiones, esta amiga se hizo un apañado ungüento de ALOE VERA y ha ido consiguiendo paliar los sucesivos eccemas cutáneos. Pero la solución pasa por el control de las emociones.

LA PIEL lo somatiza todo, y sobre todo lo que le ocurre al sistema nervioso. Recordando que están íntimamente unidos seguro que podemos hacer un doble trabajo, cuidar LA PIEL como se merece y trabajar el campo emocional, sabedores de que al final todo acaba saliendo A FLOR DE PIEL. Y ojo con rascarse.

“La Real Academia de la Lengua Española (RAE) define el eccema como una “afección cutánea caracterizada por vesículas rojizas y exudativas, que dan lugar a costras y escamas“. (RAE)

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